Opinión: ¿Cómo sería un mundo sin mujeres?

por hilolux el 9 abril, 2019
Literatura

Voy a intentar responder después de realizar la lectura, casi paralela, de estos dos libros:

  • El primer siglo después de Béatrice – Amin Maalouf

  • Las partículas elementales – Michel Houellebecq

La conjura de los machos

Como acostumbro a no leer jamás las solapas de las novelas (hay que mantener un poco de misterio en esta vida), así que cogí a ciegas la primera pensando que sería una historia de (des)amor, y que la tal Béatrice sería un remedo de la Beatrice de Dante. Houellebecq, en cambio, suele darte lo que estabas esperando: llevo leídos cuatro libros suyos y, en el fondo, todos son el mismo. Guiado como casi siempre por la casualidad, me he encontrado leyendo a la vez estas dos novelas sobre la femineidad en pleno 8 de marzo. Y como me gusta meterme en jardines y, ya que estoy dentro, pisar las flores, aquí os dejo este artículo escrito por un hombre reflexionando sobre lo que han escrito otros dos.

¿De dónde vienen?

No me resisto a considerar ambas novelas como el reverso y el anverso de una misma moneda, y es que hay muchos puntos en los que coinciden: escritas por franceses (franco-libanés en el caso de Maalouf, puntualización que creo que no es despreciable en este caso), con el conflicto entre sexos como eje y, aunque ninguno de los dos sea un experto en el género, se podría considerar ambas novelas como ciencia-ficción.

En el caso de la novela de Maalouf el elemento de ciencia ficción es patente casi desde el principio: partiendo de un hecho real, que nacen desproporcionadamente más niños que niñas en algunos países del Tercer Mundo; la investigación pronto llevará a la conclusión de que alguien ha conseguido desarrollar una vacuna que modifica el esperma de los hombres que se la inyectan, de manera que solo tendrán hijos varones.

En lo que respecta a la de Houellebecq, el elemento de ciencia-ficción no es tan obvio y me temo que quien se aventure a pasar de este punto se va a encontrar con que reviento el final de la novela. Así que, si alguien sigue más allá de este punto, que lo haga con todas las consecuencias. El elemento de ciencia-ficción, decía, consiste en una especie de tríada dialéctica, en la que, como respuesta al sufrimiento causado por el conflicto hombre-mujer expuesto a lo largo de la novela, la raza humana debe superar su propia naturaleza y crear gracias a la manipulación genética un nuevo ser humano asexuado que se reproduzca por clonación.

¿A dónde van?

La primera novela sigue una cadena lógica de hechos que es bastante plausible: dado que existe un machismo estructural en el Tercer Mundo, la vacuna es demandada por las familias que ahora pueden ver satisfecha su preferencia por tener un hijo varón. Esto lleva rápidamente a un desequilibrio demográfico que en un medio/largo plazo provoca la reducción de la población y el inicio de una crisis mundial, acompañado de una escalada de la inseguridad para la mujer al ser “más valiosa”. Es una novela más realista en su enfoque, pero más ingenua, más maniquea. La situación se produce por la codicia, y frente a esa codicia se va a situar una comisión de buenas personas que lucharán por despertar a la sociedad del problema que se les avecina. En otras palabras: los malos son muy malos, los buenos son muy buenos. La situación es complicada, pero quizá se pueda resolver antes de la extinción de la raza humana.

El conflicto de la segunda novela se desarrolla sin que el machismo tenga nada que ver. Hombres y mujeres estamos condenados a no entendernos (yo diría que Houellebecq cree que no en tanto que hombres o mujeres, sino en tanto que seres humanos). El amor, tarde o temprano, lleva a la desilusión y al sufrimiento. Frente a esta imposibilidad del triunfo del amor, la racionalidad debería llevarnos a aprovechar los avances científicos y desarrollar una huida al sufrimiento. Si estáis viendo aquí alguna reminiscencia del «mundo feliz» de Huxley no es ninguna casualidad y no se esconde en ningún momento. Retomando el hilo: nuestra generación está perdida, pero nuestros herederos quizá puedan vivir liberados de esa carga y no necesitar el sexo para completarse, sino de manera meramente recreativa. Ha llegado el momento de dejar el paso a una nueva humanidad para la que el sexo no sea una necesidad vital. No hay hombres ni mujeres, simplemente seres humanos. La novela es dura y sórdida en algunos puntos, en otros es sumamente tierna (contiene una de las mejores descripciones del proceso de enamoramiento que haya leído, aunque bastante sui generis). Y, sobre todo, me resulta gratificante la sensación de leer a alguien que realmente parece que vive en el mismo mundo que yo, también angustiado por la postmodernidad.

Puestas las cartas sobre la mesa, vamos a jugar un poco:

  • ¿Veis posible que la profecía de alguna de las dos novelas se cumpla?
  • ¿Creéis como Houellebecq que el conflicto hombre-mujer es irresoluble? ¿O el amor y la bondad permitirán superar el conflicto, por muy lejos que llegue este?

¿Conocéis alguna otra obra que aborde este tema? ¿De alguna mujer, a ser posible?

En cualquier caso, hay una cosa clara: un mundo sin mujeres sería también un mundo sin hombres.

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