Reseña: Mass Effect: Andromeda

por Pedrohito en 11 febrero, 2019
Videojuegos

El lanzamiento de Mass Effect: Andromeda trajo cola. Después de una trilogía que marcó a una generación, la tarea de empezar de cero se antojaba titánica. El equipo de Bioware que recogió el testigo ha acertado en algunas cosas y fallado en otras, pero en conjunto ha conseguido crear una disparidad de opiniones poco recomendable para el futuro de la saga. Veamos con perspectiva y tras la montaña rusa de críticas y debates, ya con el poso de casi dos años, el balance de la última odisea espacial.

Mass Effect: Andromeda 1

Entrando en materia duele decir que dos de los puntos fuertes de la saga como son la historia y los personajes no consiguieron estar a la altura de las expectativas. No sería justo hacer comparaciones entre esta entrega y la trilogía anterior en bloque, porque a lo largo de 3 juegos tuvimos muchas horas para conocer, dialogar, reír y sufrir con la tripulación de la Normandía. El problema es que incluso comparándolos solo con la primera entrega, no se puede decir que argumento y personajes den la talla. Eso no quiere decir que sean malos, pero sí se quedan en algo estándar, pasable, vehicular, mientras que los anteriores estaban a otro nivel. Un nivel digno de aquella Bioware.

Mass Effect: Andromeda 2

El argumento de Mass Effect: Andromeda tiene un buen comienzo, estrechamente relacionado con la ambición actual de muchas personas: colonizar planetas, expandirse y encontrar un nuevo hogar más allá de la Tierra. Pero como esto es un videojuego, vamos con todo y nos ponemos a explorar una galaxia entera. La cosa se complica, y de las Arcas que se enviaron, cada una tripulada por una especie inteligente, resulta que las perdemos de vista y del radar. Para colmo de males los planetas son inhabitables y toca establecerse en el Nexus (la Ciudadela de toda la vida) como latas de sardinas hasta que alguien arregle el estropicio y traiga respuestas. A lo largo del juego descubriremos qué ha pasado con el resto de arcas y trataremos de llevar la odisea de habilitar los mundos para la vida adelante a pesar del enemigo principal del juego: los kett. Los kett son una raza alienígena bélica, en constante expansión, que se dedican a conquistar planetas y matar nativos. Lo nunca visto, vaya.

Por supuesto, un Mass Effect no puede llevar ese nombre sin una tripulación de especies diversas que se echen a piedra papel tijera quién te acompaña y quién se queda a gustito en la nave. Por desgracia este es el segundo punto en el que este Mass Effect: Andromeda no da la talla. El tridente Garrus-Tali-Liara, los miembros que te acompañan a lo largo de toda la trilogía original, se quedará como una lección de cómo escribir personajes en un videojuego, mientras que los nombres de la tripulación de Andromeda casi se me han olvidado. Igualar (ya no digo superar) a los compañeros de Mass Effect era complicado, pero creo que una desarrolladora de este tamaño podría haberlo hecho mejor, aun siendo un equipo interno distinto. Se repite el patrón de humanos, krogan, asari, turiana. Y aunque son lo bastante diferentes a lo que nos tenía acostumbrado cada especie, acaban siendo previsibles y bastante planos en su desarrollo. Como decía antes, cumplen sin más. Sí, los humanos vuelven a ser los peores.

Mass Effect: Andromeda 3

Afortunadamente sí que se nos presenta una especie nueva: los angara, y con ella a Jaal, que será miembro permanente de nuestro equipo en la Tempest. Cabe mencionar que esta nueva raza sí me ha parecido interesante, novedosa y fresca, y Jaal me parece casi el mejor personaje del juego. Al ser la novedad pasas mucho tiempo con los angara en esta aventura, ganándote su confianza, ayudándolos a luchar contra los kett y por supuesto llevándote a la cama a uno de los suyos, si así lo deseas. Sin llegar a spoilers, limitémonos a que tienen un gran peso a lo largo de la “clicheada” historia.

Por suerte no todo es negro en el espacio de Mass Effect: Andromeda. De hecho hay apartados que brillan como la estrella Polar en una noche de verano en mi pueblo. Vuelve la exploración planetaria de Mass Effect 1, vuelve el controvertido pero para mí amado Mako, y lo hacen con un sistema de combate totalmente renovado, que desde entonces llega hasta hacerme incómodo el combate de la trilogía.

Como dicta el argumento, nuestro objetivo es colonizar planetas y hacerlos habitables. Como una galaxia es muy grande y esto no va de ingentes cantidades de planetas clónicos procedurales que no se diferencian en nada, en Bioware se han limitado a cinco. Tendrás la oportunidad de visitar más en misiones de la trama principal, pero planetas explorables a pie o en Jeep espacial, con misiones principales, secundarias y toda la pesca hay cinco. Cada uno con su bioma que tampoco vamos a revelar por aquello de descubrirlo por uno mismo, pero daré un par de datos: ninguno se sale de la norma, y hay dos desérticos. De 5 planetas tener dos desérticos (no iguales pero muy similares), es algo que no debería aprobarse en una reunión del equipo creativo.

El proceso en cada planeta de Mass Effect: Andromeda es bastante similar: aterrizar, hacer un par de principales, resolver una misión de activar ruinas milenarias (muy parecidas a la arquitectura proteana de la trilogía), resolver algunos puzzles, y a partir de ahí embarcarte en las misiones secundarias y tareas sencillas para alcanzar el 100 % de viabilidad, aunque no es necesario para terminarse el juego. Bioware no aprendió de CD Projekt en cómo crear misiones secundarias y muchas se reducen a las típicas tareas de recadero con una conversación antes y después. Ya que sale el tema de las conversaciones, si bien han intentado dar complejidad al clásico opción roja-opción azul, tampoco son nada destacable en ningún momento del juego. Queda claro que al volverlo más sandbox, y como ya ha pasado en otros videojuegos, la historia queda diluida a un mero hilo conductor en pos de una jugabilidad mucho más trabajada, donde explota todo su potencial en el combate.

Mass Effect: Andromeda 4

Ay, el combate. Despegar los pies del suelo es una auténtica gozada. El amago de jetpack que te permite saltar, esquivar y moverte a toda velocidad por el escenario hace del combate uno de los mejores apartados del juego. El sistema de vida, armadura y barreras vuelve a estar presente en Mass Effect: Andromeda, así como los poderes bióticos que ya no están tan limitados a la clase elegida. Esto hace que como juego de rol sea un chiste, pero permite probar diferentes combinaciones y formas de jugar en una misma partida. Los enemigos principales son los kett, y aunque hay bastantes tipos como para no resultar cansinos, se agradece la hostilidad de la fauna de cada planeta. Es así como el sistema de coberturas se ve relegado a un combate mucho más dinámico y movido, donde además muchos ataques de los enemigos atraviesan coberturas y nos obligan a cambiar de posición constantemente.

El arsenal para cargar de plomo galáctico al bestiario es amplio en este Mass Effect: Andromeda, pero el nefasto sistema de planos, crafteo y creación hace que por pereza acabes limitándote a un número de armas más reducido de lo que te gustaría. Por explicarlo de forma sencilla (cosa que el juego no hace), viene a ser algo así: primero necesitas datos de investigación y gastarlos para conseguir los planos de un arma o pieza de armadura. Una vez tienes el plano necesitas materiales para construirlo. También puedes añadirle aumentos que cambian atributos especiales. Cuando por fin lo tienes todo y has acumulado tres tipos de divisa diferentes y aun más materiales, ya puedes meterte en la Tempest a construir tu pistola de mierda. Mola, ¿eh? Pues repite el proceso para subir de nivel una misma arma, o crearte las variantes de otros fabricantes. Un infierno. Al final cuando consigues un equipo decente dices basta e intentas aguantar todo lo que puedas con ellos, o te limitas a usar el equipo que vayas encontrando por ahí tirado.

En conclusión, Mass Effect: Andromeda no es todo lo que esperábamos de él. Si bien ha mejorado mucho en campos como la exploración y el combate, se queda parco en argumento y personajes, algo que era identidad de la saga. Este nuevo comienzo me ha tenido más de 60 horas enganchado, pero en el hipotético caso de que exista una secuela, deben corregir estos baches si quieren crear un juego mejor que los tres primeros. Porque, en mi opinión, el lore está ahí, las herramientas están ahí, y un equipo decente puede volver a llevar la saga a lo más alto. Juntar los puntos fuertes de cada entrega podría hacer auténticas odiseas espaciales en las que perderse durante cientos de horas. Desgraciadamente la confianza cuesta mucho ganársela, pero se pierde muy rápido, y el esfuerzo que supondría una nueva entrega con buenas ventas no sé si EA y Bioware están por la labor de aportarlo. A mi me ha gustado, pero entiendo que a otra gente le duelan los errores de esta entrega, y sería injusto terminar una saga tan maravillosa como esta con un sabor agridulce. Desde luego Mass Effect siempre crea controversia con los finales.

 

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