Análisis: The Red Strings Club

por chivibowie el 19 octubre, 2018
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Análisis: The Red Strings Club

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Empatía y dilemas morales en un futuro distópico ¿hasta qué punto podemos llegar para conseguir un mundo mejor?

El cyberpunk vive un momento dulce. El año pasado tuvimos la secuela de una de sus obras cumbres en el cine: Blade Runner 2049. Además CD Project ya nos está poniendo los dientes largos con Cyberpunk 2077, uno de los juegos mas esperados de esta generación. Siguiendo con esta tendencia, el estudio valenciano Deconstructeam nos vuelve a poner a prueba con dilemas morales en un ambiente futurista. Los creadores de Gods Will Be Watching nos invitan a meternos en situaciones peliagudas, en un juego en el que nuestros actos casi nunca nos dejaran satisfechos. Bienvenidos a The Red Strings Club.

 

The Red Strings Club 1

 

Argumentalmente The Red Strings Club, gira en torno a un futuro distópico en el que las personas dependen de implantes que mejoran sus habilidades, mientras que unos pocos se resisten a “deshumanizarse”. Nuestros protagonistas temen una conspiración en la que una empresa llamada Supercontinent Ltd, tiene pensado someter y manipular a la humanidad a su antojo, gracias a que son los que se encargan de fabricar los implantes.

Para ello nos ponemos en la piel de tres personajes, de los cuales cada uno está asociado a un tipo de jugabilidad, para saber qué pretende realmente la megacorporacion y de que manera evitarlo. Con Akara, una androide con la capacidad de empatizar, fabricamos ciberimplantes “emocionales” a nuestro antojo. Donovan es un broker de información que puede percibir los sentimientos de sus clientes mediante diferentes tipos de cócteles (que tendremos que hacer) y es el que regenta el bar que da nombre al juego. Brandeis es un hacker neuronal que puede manipular su voz para hacerse pasar por otras personas. 

 

The Red Strings Club 2

 

El gameplay de The Red Strings Club más inspirado (y el más largo) es el de Donovan, que además recuerda gráficamente a Papers, Please. Tenemos que preparar copas que, con la combinación de cuatro tipos de bebidas, tenemos la posibilidad que llegar al tipo de estado de ánimo deseado con la ayuda de un indicador. Todo esto, para sacar información que nos servirá para saber que están tramando en Supercontinent. La sección de Akara es bastante tediosa y no está del todo ajustado en cuanto a controles: consiste en fabricar implantes como si hiciéramos alfarería con el ratón. Estos implantes cambian la manera de ser de los clientes y el jugador tiene que pensar qué es lo mejor para el devenir de la historia. En el caso de Brandeis es el que más nos recuerda a que estamos jugando a una aventura gráfica: recoger objetos, examinarlos, utilizarlos en un momento dado y hablar con otros personajes.

 

The Red Strings Club 3

 

Pero donde más se apoya The Red Strings Club es en el concepto de la empatía y la manipulación psicológica en cada uno de los diferentes “gameplays” anteriormente descritos. Tenemos la oportunidad de elegir opciones que afectan a terceros, como por ejemplo: ¿salvamos a una mujer (que anteriormente le habremos implantado un dispositivo para que se cuestione sus actos) que se va a suicidar, aunque puede que no nos sea rentable para nuestra causa? Esta es una de tantas situaciones que nos plantea Deconstructeam, ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para conseguir un mundo mejor, según nuestra manera de pensar?

Tal es la importancia de empatizar que Akara nos hará un cuestionario después de atender a los clientes para averiguar qué tan bien los conocemos, ya que hay que saber hasta qué punto podemos “manipular” los sentimientos para conseguir la información que nos interesa. Los cuestionarios siempre acaban con una última pregunta donde se nos obliga a tomar partido en aspectos relacionados con el control de la sociedad o conceptos como el transhumanismo, en los que el androide tratará de averiguar si pensamos en coherencia con las acciones que hemos elegido ejecutar. Como ya he dicho, lo malo es que The Red Strings Club nos plantea unas preguntas que lo más seguro es que no tengamos la capacidad en ese momento para contestar. Pero no deja de ser interesante que se nos pregunte por estos temas, aunque puede que sean unas cuestiones algo pretenciosas.

 

The Red Strings Club 4

 

Para guiarnos un poco, todos nuestros actos importantes se nos quedan registrados en un sistema basado en hilos rojos, tal y como el título dice en inglés, The Red Strings Club. De esta manera se nos indica qué cambios hemos conseguido hacer en el mundo y de qué manera estamos progresando. Las decisiones que tenemos que tomar tienen cierta “trampa”, ya que parece que no hay una decisión correcta. Al final, como pasaba en Gods Will Be Watching, prácticamente todo lo que hagamos es cuestionable moralmente y el juego nos puede llegar a dar un toque de atención por lo que elegimos. Dichas decisiones, muchas veces, tienen consecuencias en la historia que no podemos adivinar y da la sensación que hay cierto componente de ensayo y error.

El juego tarda unas tres horas, demasiado corto. Se echa en falta que haya más “aventura”, que es algo de lo que también adolecía Gods Will Be Watching. Es una pena que no hayan más escenarios que se podrían haber recorrido si hubiese sido un point & click convencional. Aún así es un juego rejugable, pero lo malo de The Red Strings Club, es que puede que a muchos jugadores no les anime la idea de volver a empezar una nueva partida para experimentar las distintas consecuencias de nuestros actos y sus diferentes finales, ya que las tareas se hacen repetitivas. Sobre el estilo gráfico no hay ningún pero, es algo en que destaca especialmente con la típica paleta de colores cyberpunk y sigue la línea de su anterior juego en la utilización de un estilo pixel art muy acertado. Mención especial a la banda sonora, de la compositora habitual del estudio valenciano, Fingerspit, que nos mete de lleno en situación y le queda como anillo al dedo a la ambientación.

 

The Red Strings Club 6

 

Esto que voy a decir a continuación no debería de ser nada malo, pero puede que los personajes sean un tanto forzados. Una pareja de gays, una terrorista lesbiana, una transexual, una robot andrógina… La sexualidad está muy presente en el juego y lo trata con bastante naturalidad, como por ejemplo la relación entre Brandeis y Donovan. Pero da la sensación anteriormente descrita y, como siempre, nunca llueve a gusto de todos. Aún así, es de agradecer que los personajes tengan una personalidad muy marcada. También, una vez que el jugador va llegando al final, puede que parezca un poco pretencioso argumentalmente, ya que básicamente se mete de lleno en los limites de la ética y la identidad y espera que tomemos partido. Pero esto ya lo irán viendo los que quieran pasar un rato interesante con uno de los juegos españoles mas aclamados de este año.

Y por supuesto, a los amantes del cyberpunk.

 The Red Strings Club 7

 

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Lo Mejor

- El estilo gráfico
- La música
- Muy interesante en su propuesta
- Rejugable
- El argumento…

Lo Peor

- …pero tiene alguna que otra incoherencia
- Se echa en falta algo más de “aventura clásica”
- Corto y a veces es repetitivo
- Da la sensación de que podría haber ido "más allá"

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