Análisis: Epistory: Typing Chronicles

por Josh_Cell el 29 julio, 2018
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Análisis: Epistory: Typing Chronicles

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El poder de las palabras

En el mundo de los videojuegos de corte independiente, no son pocas las veces donde la fórmula del éxito suele depender del ingenio antes que de otros aspectos de cara a llamar la atención y hacerse un hueco en un mercado cada día más abultado. La creatividad y la originalidad es una meta que se puede manifestar en distintas formas, desde aspectos visuales innovadores, a mecánicas jugables diferentes a la gran mayoría. En Epistory: Typing Chronicles, esto último es sin duda lo que marca al título a lo largo de todo su recorrido, donde nuestra habilidad para escribir con rapidez será lo que nos permita sobrevivir en este mundo de fábula y papel.

La chica y el zorro

La historia de Epistory se desarrolla con una voz en off narrando el recorrido que marcan los personajes principales que controlamos: un zorro de tres colas y una chica joven subida a él. Juntos empiezan a desentrañar un camino que se va descubriendo ante sus pasos, formándose con lo que parecen ser figuras de papiroflexia, y descubriendo de esta forma nuevas localizaciones en un mundo interconectado que se irá desvelando a medida que interactuamos con el entorno y alcancemos ciertos puntos y objetivos. La voz que nos acompaña durante todo este viaje es secundada por una joven voz que parece provenir de la protagonista de la historia, pero el propio origen de los protagonistas, estas voces o la propia historia narrada se mantendrá misteriosa durante el recorrido del juego, y tendremos que averiguar la naturaleza de todas estas cuestiones a medida que avancemos por el mundo que se va formando delante nuestro.

Uno de los grandes problemas que le veo a la historia, y que nos afectará a nosotros, los hispanoparlantes, es que a menos que entendamos bien el inglés hablado, vamos a perder bastante atención a toda la narrativa del juego, pues aunque acompañando a las voces se desplieguen textos que quedan suspendidos en el escenario como parte de este allá donde pasamos, muchas veces vamos a perder de vista estos textos debido a la acción que se esté desplegando durante ese momento en pantalla y que nos impedirá pararnos a leer, o simplemente porque no queramos interrumpir nuestro ritmo para leer un texto que, quizás a esas alturas, nos importe más bien poco. Es realmente curioso y una pena que, irónicamente, en un juego donde las palabras escritas tengan tanta importancia, estas a su vez se convierten en un inconveniente como forma narrativa, al menos para nosotros. Esta pérdida de la atención en torno a la historia puede hacer que nuestro interés en el juego se vea algo mermada, aunque como explicaré a continuación, el juego de por si tiene suficientes alicientes para llevar a cabo el recorrido si nos ajustamos a sus aspectos jugables o su estética audiovisual, pero como digo, una paradójica ironía.

 

Teclea a tus enemigos

Quizás la mayor particularidad de Epistory es el hecho de que su sistema de control esté enfocado al teclado hasta el punto en el que nuestra velocidad en la escritura será el aspecto más importante a lo largo del juego, pues esa será la forma de interactuar con el mundo que nos rodea: con palabras. Desde el comienzo encontraremos obstáculos como troncos que nos cortarán el paso y tendremos que utilizar el «poder de las palabras» para avanzar. Mediante la barra de espacio, que servirá como un radar que rastreará cualquier objeto con el que interactuar, actuaremos sobre distintos elementos del entorno que nos reportarán desde nuevos posibles caminos, tesoros con algunos secretos, o puntos de experiencia que serán esenciales para nuestro progreso, no solo por las habilidades que podremos ir activando para mejorar nuestras funciones, sino también porque estos mismos puntos nos permitirán desbloquear nuevas zonas del mundo donde se desarrolla el juego, el cual aunque tiene notables delimitaciones respecto a dónde podemos acceder y cuando, no es estrictamente lineal.

El concepto de interactuar por medio de las palabras que escribimos será novedoso para muchos jugadores, y resultará más enriquecedor con detalles como el empleo de palabras relacionadas contextualmente con muchos de estos objetos (por ejemplo aquellos que tienen que ver con el fuego nos obligarán a escribir palabras como «ígneo» o «calcinar»…), pero cuando toque enfrentarnos a enemigos es donde el juego se va a poner serio con su concepto jugable. En el mundo de Epistory podemos encontrar distintos monstruos que nos abordarán en cualquier momento, ya sea en «el puente» (la zona que sirve como mundo exterior), en las distintas localizaciones que exploraremos a modo de mazmorras, y sobre todo en ciertos puntos donde se activarán los «momentos horda» (el nombre es cosecha propia). Para enfrentarlos tendremos que hacer uso de las palabras, pero no será tan sencillo, ya que estos enemigos se desplazarán mientras nosotros tendremos que actuar quietos en un punto (o movernos cancelando el ataque para cambiar de posición), y si somos atacados, no habrá ni contados de vida ni segunda oportunidad.

Los combates se encrudecerán y tomarán más profundidad, junto al desarrollo de la aventura, cuando desbloqueemos los poderes elementales. Nuestra chica y su zorro podrán acceder a lo largo de la travesía a cuatro de estas fuerzas de la naturaleza que servirán tanto para abrirnos paso como para atacar a los enemigos que se presenten. El los combates, por un lado, estos elementos conferirán habilidades únicas, desde quemar palabras sin necesidad de escribirlas hasta paralizar o arrastrar a los enemigos mediante la congelación o el viento. Por otro lado, los elementos también despertarán a bestias que son inmunes a cualquier ataque excepto a aquellos perpetrados con los elementos correspondientes, lo que nos obligará, a medida que avancemos a lo largo de la aventura, a tener que ir intercambiando poderes para poder atacar a cada enemigo con su correspondiente debilidad, lo que elevará los enfrentamientos a un nuevo nivel de estrés.

Esto es especialmente notable en los antes llamados «momentos horda», ya que se tratan de enfrentamientos contra oleadas de enemigos que aparecerán a nuestro alrededor en todas direcciones, y no podremos movernos del sitio hasta que los hayamos derrotado a todos. Estos se acercarán progresivamente al centro donde nos encontramos, lo que hará que podamos caer presos de los nervios, la tensión y la impaciencia al teclear las cadenas de palabras. Por suerte fallar letras no penaliza el progreso de la palabra que estamos escribiendo, pero dada la velocidad y el estrés que causan estos instantes, puede transcurrir el suficiente tiempo entre que fallamos y que nos damos cuenta del error como para que se nos echen encima los monstruos que nos rodean. Ocurre algo especial con este Epistory y su sistema de combate, y es que la forma en la que nos propone sus retos, las mecánicas de escribir para atacar, la tensión que crece con estos enfrentamientos, se sienten de una forma mucho más intensa y natural que en muchos juegos con sistemas de combate más tradicionales. No se trata tanto de una idea que nos de de innumerables posibilidades estratégicas o de gran variedad de ataques, pero el estilo que transmite como interacción al jugador se convierte en algo extrañamente más genuino que muchos otros juegos. No me malinterpretéis, muchos otros juegos cuentan con sistemas más profundos y variados, pero en esencia Epistory se siente en este aspecto puro en la forma que nos pone entre la espada y la pared, y cómo al final todo depende de una habilidad nuestra, intrínseca y aplicable a nuestro día a día como es el escribir en teclado.

El material donde viven las palabras

Como antes comenté, el mundo donde se desarrolla Epistory se despliega en forma de papel que se extiende allá por donde avanzamos, y toma las formas de los entornos naturales que busca recrear. Desde árboles, cuevas, el mar o los propios monstruos o protagonistas que manejamos, todo tiene una estética de papiroflexia que dota al título una identidad singular, igual que pasara con títulos como Tearaway, aunque sin alcanzar ese nivel de complejidad, crea a su alrededor un mundo que es tanto único como coherente con el propio estilo del juego, esa persecución constante por el mundo de la literatura, la fantasía y la prosa, desde su narrativa a las palabras como pilar fundamental en su jugabilidad, y finalmente los escenarios y los elementos que lo pueblan como forma, nutriendo al aspecto visual de coloridos parajes y agudas formas geométricas siempre emulando esa esencia que envuelve todo el juego. La banda sonora, compuesta por piezas orquestales con algunas influencias celtas, complementan el conjunto para darle un aire que respira naturaleza con cierta melancolía.

Los escenarios cuentan con algunos secretos que descubriremos en forma de cofres, tesoros e incluso cajas fuertes, y para desbloquearlos tendremos distintos retos relacionados con nuestra habilidad en el teclado, desde introducir códigos numéricos hasta pulsar dos letras concretas en sucesión hasta abrir el preciado cofre. Por otro lado, nuestras habilidades elementales nos servirán para interactuar con distintos artefactos que nos permitirán avanzar, desde bobinas eléctricas que nos facilitarán abrir o cerrar puertas, a congelar pasos parcialmente helados para poder atravesar ríos o zonas de agua. Además de estos retos tendremos otros tipos de rompecabezas que nos permitirán desbloquear más secretos o avanzar en nuestra aventura, añadiendo algo de variedad a una aventura que, por otro lado, no será demasiado larga, ya que podremos despacharla en unas 5-6 horas a lo largo de los cuatro capítulos que componen el juego.

Sin embargo, lejos de lo que pudiera parecer en primera instancia, la duración no es un aspecto tan negativo, ya que en mi opinión, hace que la aventura dure lo suficiente para disfrutarla y no sentir demasiado la reiteración en sus mecánicas y su desarrollo, el cual va evidenciando a cada nueva mazmorra una serie de patrones que se repite en el progreso de la aventura, la cual se habría beneficiado con algo más de imprevisibilidad y no tanto por un desarrollo demasiado sistemático. Como digo, la duración en ese sentido es hasta favorable, pero también hace del juego irremediablemente limitado y tampoco invita a la rejugabilidad. Aparte de la aventura principal, tenemos un modo arena que es básicamente un modo de supervivencia de lo que antes he llamado «momentos horda», y donde nuestra puntuación se subirá on-line y se comparará con otros jugadores.

En definitiva, Epistory: Typing Chronicles es un título que recomiendo sin dudas a aquellos que busquéis una experiencia distinta y que sirva para «desconectar» de formatos de juegos más estándares dentro del resto de géneros que pueblan este medio. Cuenta con una mecánica jugable singular, que nos pondrá a prueba en una forma más tensa de lo que esperamos en primera instancia, pero que también nos deleitará con un aspecto visual preciosista con su estilo que imita la papiroflexia con un acabado muy colorido. La duración, aparte de jugar a favor frente a los problemas naturales del propio juego, puede convenceros para tomar este título como una propuesta seria para hacer un paréntesis entre juego y juego, y aunque el conjunto pueda sufrir cierta reiteración, y la narrativa se adolezca de depender de textos para aquellos que no sepan inglés, lo que afecta de forma acentuada en el seguimiento de esta, el conjunto final se salda bastante positivo y sin duda recomendable para quienes os ajustéis a un perfil de jugador que quiera ir a por algo que, definitivamente, se siente diferente al resto.

Lo Mejor

- Su apartado visual con ese estilo de papiroflexia
- Las mecánicas con el teclado, original
- Es un caso en el que la duración es la justa y necesaria

Lo Peor

- Sin doblaje, seguir la historia por medio de los textos será una tarea casi imposible mientras jugamos
- Cierta reiteración y limitaciones jugables a medida que avanzamos

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Jugabilidad
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Controles
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Historia
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